estos inicios se remontan ni más ni menos que a la Antigua Roma donde imperaba “el culto al exceso” entre la clase alta como muestra de estatus social y económico. ¡Los antecesores de ”Comilón” debieron ser Emperadores! Y es que en aquel entonces las cenas eran tan abundantes que había quien se inducía el vómito con una pluma de avestruz o de pavo real para poder seguir comiendo. No en vano fue así como surgieron los llamados “Vomitorium” (cuesta creer pero es verídico). Estos eran lugares destinados a que los romanos vomitaran las libras de comida ingeridas. De este modo podían seguir con la fiesta y con el placer de comer.
Más allá de herencias históricas, “comer es un placer” también por razones químicas. Es decir, todo el control lo tiene nuestro cerebro y no el estómago. Al comer, nuestras neuronas segregan una hormona llamada “dopamina” que está asociada con el sistema del placer del cerebro y hace que no podamos controlarnos.
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